50 años como arquitecto técnico: evolución desde la primera obra en tabiquería seca en Galicia a informes periciales con IA
Metadatos
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Fecha
2026Materia/s
Materia/s Unesco
3305 Tecnología de la Construcción
5506.24 Historia de la Tecnología
Resumen
La profesión de la Arquitectura Técnica ha sufrido una metamorfosis radical en el último medio siglo, no solo en las herramientas empleadas, sino en la propia concepción del rol del técnico en la sociedad. Esta comunicación presenta un análisis longitudinal y empírico de dicha evolución a través de una trayectoria profesional de cincuenta años que arranca en un momento fundacional: la pertenencia a las primeras generaciones de técnicos formados en la recién creada Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica (EUAT) de Galicia. Este hecho, que marcó el inicio académico de la profesión en la región ante la inexistencia previa de centros formativos, sirve de punto de partida para narrar la adaptación en un entorno tradicionalmente arraigado a la inercia de los materiales pétreos y cerámicos como la gallega. La metodología empleada es el estudio de caso autobiográfico y comparativo, contrastando los desafíos técnicos y normativos de dos hitos temporales y tecnológicos opuestos. Se parte de una experiencia pionera a finales de los años 70: la dirección de ejecución de las primeras obras realizadas íntegramente con tabiquería de cartón-yeso en Galicia. Este hito, que supuso enfrentarse al escepticismo del sector, a la falta de normativa específica y a la necesidad de formar mano de obra desde cero, se utiliza como espejo para analizar el desafío actual: la implementación de la Inteligencia Artificial Generativa en la redacción de informes periciales y forenses y consultar eficiente de normativa urbanística; técnica o constructiva. Los resultados evidencian un paralelismo sorprendente entre ambas revoluciones. La falta de experiencia global de un sector formado académicamente o la introducción de los sistemas de tabiquería seca obligó a redefinir los conceptos de aislamiento, ejecución y tiempos de obra, desplazando la fuerza física por la precisión del montaje; la irrupción de la IA está desplazando la carga de trabajo desde la recolección y redacción de datos hacia el análisis crítico y la validación experta. Se describe cómo la transición del "Rotring" y el papel vegetal al CAD, y posteriormente al BIM, fue solo el preludio de un cambio de paradigma mayor donde el Arquitecto Técnico pasa de ser un mero ejecutor garante de la geometría, a un gestor de información compleja y predictiva. La conclusión principal determina que, a pesar del abismo tecnológico que separa una placa de yeso laminado de un algoritmo de procesamiento de lenguaje natural, la esencia de la profesión permanece inalterable: la capacidad de adaptación y el criterio técnico. La herramienta cambia —ayer fue un sistema constructivo innovador, hoy es un software que aprende— pero el valor añadido del profesional reside, medio siglo después, en la audacia para abrazar la innovación cuando el resto del mercado aún la mira con recelo. Esta comunicación es, en definitiva, una reivindicación de la experiencia acumulada como el mejor motor para la innovación futura.
La profesión de la Arquitectura Técnica ha sufrido una metamorfosis radical en el último medio siglo, no solo en las herramientas empleadas, sino en la propia concepción del rol del técnico en la sociedad. Esta comunicación presenta un análisis longitudinal y empírico de dicha evolución a través de una trayectoria profesional de cincuenta años que arranca en un momento fundacional: la pertenencia a las primeras generaciones de técnicos formados en la recién creada Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica (EUAT) de Galicia. Este hecho, que marcó el inicio académico de la profesión en la región ante la inexistencia previa de centros formativos, sirve de punto de partida para narrar la adaptación en un entorno tradicionalmente arraigado a la inercia de los materiales pétreos y cerámicos como la gallega. La metodología empleada es el estudio de caso autobiográfico y comparativo, contrastando los desafíos técnicos y normativos de dos hitos temporales y tecnológicos opuestos. Se parte de una experiencia pionera a finales de los años 70: la dirección de ejecución de las primeras obras realizadas íntegramente con tabiquería de cartón-yeso en Galicia. Este hito, que supuso enfrentarse al escepticismo del sector, a la falta de normativa específica y a la necesidad de formar mano de obra desde cero, se utiliza como espejo para analizar el desafío actual: la implementación de la Inteligencia Artificial Generativa en la redacción de informes periciales y forenses y consultar eficiente de normativa urbanística; técnica o constructiva. Los resultados evidencian un paralelismo sorprendente entre ambas revoluciones. La falta de experiencia global de un sector formado académicamente o la introducción de los sistemas de tabiquería seca obligó a redefinir los conceptos de aislamiento, ejecución y tiempos de obra, desplazando la fuerza física por la precisión del montaje; la irrupción de la IA está desplazando la carga de trabajo desde la recolección y redacción de datos hacia el análisis crítico y la validación experta. Se describe cómo la transición del "Rotring" y el papel vegetal al CAD, y posteriormente al BIM, fue solo el preludio de un cambio de paradigma mayor donde el Arquitecto Técnico pasa de ser un mero ejecutor garante de la geometría, a un gestor de información compleja y predictiva. La conclusión principal determina que, a pesar del abismo tecnológico que separa una placa de yeso laminado de un algoritmo de procesamiento de lenguaje natural, la esencia de la profesión permanece inalterable: la capacidad de adaptación y el criterio técnico. La herramienta cambia —ayer fue un sistema constructivo innovador, hoy es un software que aprende— pero el valor añadido del profesional reside, medio siglo después, en la audacia para abrazar la innovación cuando el resto del mercado aún la mira con recelo. Esta comunicación es, en definitiva, una reivindicación de la experiencia acumulada como el mejor motor para la innovación futura.
The profession of Technical Architecture has undergone a radical metamorphosis over the last half century, not only in the tools used, but also in the very conception of the technician's role in society. This paper presents a longitudinal and empirical analysis of that evolution through a fifty-year professional career that began at a foundational moment: belonging to the first generations of technicians trained at the newly created University School of Technical Architecture (EUAT) of Galicia. This fact, which marked the academic beginning of the profession in the region in the absence of previous training centres, serves as a starting point for narrating adaptation in an environment traditionally rooted in the inertia of stone and ceramic materials, such as Galicia. The methodology used is an autobiographical and comparative case study, contrasting the technical and regulatory challenges of two opposing temporal and technological milestones. The starting point is a pioneering experience in the late 1970s: the execution management of the first works carried out entirely with plasterboard partitions in Galicia. This milestone, which meant facing the sector's scepticism, the lack of specific regulations and the need to train labour from scratch, is used as a mirror to analyse the current challenge: the implementation of Generative Artificial Intelligence in the drafting of expert and forensic reports and in the efficient consultation of urban-planning, technical or construction regulations. The results reveal a striking parallel between the two revolutions. The lack of global experience in an academically trained sector, or the introduction of dry partition systems, forced the concepts of insulation, execution and construction times to be redefined, shifting physical strength towards assembly precision; the emergence of AI is shifting the workload from data collection and drafting towards critical analysis and expert validation. The transition from Rotring pens and tracing paper to CAD, and later to BIM, is described as only the prelude to a greater paradigm shift in which the Technical Architect moves from being a mere executor who guarantees geometry to becoming a manager of complex and predictive information. The main conclusion establishes that, despite the technological gulf separating a laminated plasterboard panel from a natural-language-processing algorithm, the essence of the profession remains unchanged: adaptability and technical judgement. The tool changes —yesterday it was an innovative construction system, today it is software that learns— but the added value of the professional lies, half a century later, in the audacity to embrace innovation when the rest of the market still looks at it with suspicion. Ultimately, this paper is a vindication of accumulated experience as the best driver of future innovation.
The profession of Technical Architecture has undergone a radical metamorphosis over the last half century, not only in the tools used, but also in the very conception of the technician's role in society. This paper presents a longitudinal and empirical analysis of that evolution through a fifty-year professional career that began at a foundational moment: belonging to the first generations of technicians trained at the newly created University School of Technical Architecture (EUAT) of Galicia. This fact, which marked the academic beginning of the profession in the region in the absence of previous training centres, serves as a starting point for narrating adaptation in an environment traditionally rooted in the inertia of stone and ceramic materials, such as Galicia. The methodology used is an autobiographical and comparative case study, contrasting the technical and regulatory challenges of two opposing temporal and technological milestones. The starting point is a pioneering experience in the late 1970s: the execution management of the first works carried out entirely with plasterboard partitions in Galicia. This milestone, which meant facing the sector's scepticism, the lack of specific regulations and the need to train labour from scratch, is used as a mirror to analyse the current challenge: the implementation of Generative Artificial Intelligence in the drafting of expert and forensic reports and in the efficient consultation of urban-planning, technical or construction regulations. The results reveal a striking parallel between the two revolutions. The lack of global experience in an academically trained sector, or the introduction of dry partition systems, forced the concepts of insulation, execution and construction times to be redefined, shifting physical strength towards assembly precision; the emergence of AI is shifting the workload from data collection and drafting towards critical analysis and expert validation. The transition from Rotring pens and tracing paper to CAD, and later to BIM, is described as only the prelude to a greater paradigm shift in which the Technical Architect moves from being a mere executor who guarantees geometry to becoming a manager of complex and predictive information. The main conclusion establishes that, despite the technological gulf separating a laminated plasterboard panel from a natural-language-processing algorithm, the essence of the profession remains unchanged: adaptability and technical judgement. The tool changes —yesterday it was an innovative construction system, today it is software that learns— but the added value of the professional lies, half a century later, in the audacity to embrace innovation when the rest of the market still looks at it with suspicion. Ultimately, this paper is a vindication of accumulated experience as the best driver of future innovation.





