Los precios en los presupuestos
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Fecha
2003Materia/s
Resumen
Si se entiende por precio la expresión monetaria de un bien o servicia presente o futuro que, además de los costes de materias primas, de producción, de distribución, de oportunidad, etc., debe recoger las fluctuaciones de ajuste de la oferta y la demanda en un supuesto punto de equilibrio - todo ello en un lugar y un tiempo concretos-, consecuentemente, aun cuando en un determinado bien se incluyan todos esos costes, pero no el ajuste de la oferta y la demanda, no existe todavía el precio. Ciertamente, esto es en pura teoría, es decir, en unas condiciones de competencia y de información perfecta, de transparencia en una palabra, muy alejadas de los mercados reales que desfiguran la idílica descripción que de ellos dibujó en economía clásica. Como ejemplo de cómo son las cosas en la realidad valga lo ocurrido hace algún tiempo con una materia prima tan básica en la construcción como es el ladrillo, en la que, tras una clara captación del oligopolio de esos fabricantes, los contratistas tuvieron que soportar a una alucinante escalada de precios sin razón ninguna que pudiera justificarlo. Y es que sobre el cálculo de costes y las leyes de fa oferta y la demanda siempre se asienta el poder de negociación. Con los precios de la construcción ocurre lo mismo: todos los componentes coste se hayan sometidos no solo a la deformación típica de los mercados reales y a una cierta opacidad informativa, sino también al desequilibrio de la oferta y la demanda en un determinado momento y lugar que su valor presente y futuro es difícil de prever. Y si esto ocurre con los precios de los factores productivos, cuando es llegado el momento de fijar el precio de un contrato entre un promotor y varias -pocas empresas oferentes, las cosas un nivel a veces sorprendente, cuya lógica sólo puede comprenderse si se piensa en que, para fijar ese precio, las empresas constructoras incorporan a é}, dentro de su margen comercial, variables tan inciertas como el riesgo de negocio o la incertidumbre de la información anticipada. Si esto es así para quien se supone que domina y conoce el mercado de proveedores, para quien debe fijar un precio en los proyectos la cosa es aún más compleja: para el proyectista sólo cabe una aproximación estadística, mucho más imperfecta y más opaca aún, como es la que suele figurar en publicaciones de todos conocidas. Así entonces, sin ese componente básico de la constructora que fija en el precio final variables antedichas, los precios de los proyectos no pueden exhibir otra cosa que un grado de probabilidad de acierto.
Si se entiende por precio la expresión monetaria de un bien o servicia presente o futuro que, además de los costes de materias primas, de producción, de distribución, de oportunidad, etc., debe recoger las fluctuaciones de ajuste de la oferta y la demanda en un supuesto punto de equilibrio - todo ello en un lugar y un tiempo concretos-, consecuentemente, aun cuando en un determinado bien se incluyan todos esos costes, pero no el ajuste de la oferta y la demanda, no existe todavía el precio. Ciertamente, esto es en pura teoría, es decir, en unas condiciones de competencia y de información perfecta, de transparencia en una palabra, muy alejadas de los mercados reales que desfiguran la idílica descripción que de ellos dibujó en economía clásica. Como ejemplo de cómo son las cosas en la realidad valga lo ocurrido hace algún tiempo con una materia prima tan básica en la construcción como es el ladrillo, en la que, tras una clara captación del oligopolio de esos fabricantes, los contratistas tuvieron que soportar a una alucinante escalada de precios sin razón ninguna que pudiera justificarlo. Y es que sobre el cálculo de costes y las leyes de fa oferta y la demanda siempre se asienta el poder de negociación. Con los precios de la construcción ocurre lo mismo: todos los componentes coste se hayan sometidos no solo a la deformación típica de los mercados reales y a una cierta opacidad informativa, sino también al desequilibrio de la oferta y la demanda en un determinado momento y lugar que su valor presente y futuro es difícil de prever. Y si esto ocurre con los precios de los factores productivos, cuando es llegado el momento de fijar el precio de un contrato entre un promotor y varias -pocas empresas oferentes, las cosas un nivel a veces sorprendente, cuya lógica sólo puede comprenderse si se piensa en que, para fijar ese precio, las empresas constructoras incorporan a é}, dentro de su margen comercial, variables tan inciertas como el riesgo de negocio o la incertidumbre de la información anticipada. Si esto es así para quien se supone que domina y conoce el mercado de proveedores, para quien debe fijar un precio en los proyectos la cosa es aún más compleja: para el proyectista sólo cabe una aproximación estadística, mucho más imperfecta y más opaca aún, como es la que suele figurar en publicaciones de todos conocidas. Así entonces, sin ese componente básico de la constructora que fija en el precio final variables antedichas, los precios de los proyectos no pueden exhibir otra cosa que un grado de probabilidad de acierto.





