La vegetación en el entorno urbano como elemento de reducción en el consumo energético de los edificios
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Date
2024Subject/s
Unesco Subject/s
Abstract
El cambio climático es una realidad que está modificando muy rápidamente las condiciones de entorno de la vida en de toda la biodiversidad en el planeta a nivel general y de la vida del ser humano en las ciudades a nivel particular. A la progresiva densificación de los centros urbanos, la mayor extensión de las ciudades y su desconexión del entorno natural, y el predominio del tráfico y las infraestructuras en la configuración del espacio urbano en los años sesenta y setenta, se unió en la década de los ochenta la tendencia de diseño minimalista que apostaba por plazas duras, con una drástica reducción de vegetación y el uso extensivo de suelos impermeables. De esta forma, el espacio urbano como elemento de encuentro y disfrute, refrescado en verano por la sombra de los árboles o cobijado del viento por la vegetación en invierno se convierte en algo hostil, inhóspito. La drástica reducción de masas vegetales de importancia en los espacios públicos capaces de regular de forma suave las ganancias y pérdidas de temperatura del suelo, frente a los suelos duros que reflejan calor de forma directa se une al calor generado por las propias actividades humanas, Esto provoca que las ciudades se conviertan en islas de calor existiendo diferencias térmicas que están, como en el caso de Madrid, por encima de los 8°C con respecto al exterior. De igual modo la búsqueda del mayor aprovechamiento ha convertido a los edificios en elementos paralelepípedos, duros y rocosos, donde existen escasas sombras arrojadas y la vegetación no se contempla en su configuración, quedando los edificios totalmente expuestos a las radiaciones solares. Esta situación, que ya de por sí supone una merma de confort, se convierte en una amenaza en el actual contexto de crisis climática. Las ciudades y los edificios deben dejar de ser parte del problema, para convertirse en herramientas de mejora. A través del uso de la vegetación se pueden aplicar soluciones para paliar el efecto de la isla de calor en los edificios y con ello, la mejora energética en la climatización de estos. Un estudio de la configuración de los espacios públicos y de los edificios, es muy útil para determinar la situación más idónea del arbolado y jardines. Existen estudios que cuantifican la cantidad de radiación solar reflejada de suelos y materiales. Los árboles urbanos participan en suavizar el clima ya que disminuyen la temperatura y aumentan la humedad por la evapotranspiración, que es el efecto del enfriamiento evaporativo del agua que transpiran las plantas. Ciertas especies arbóreas son más adecuadas por su alta capacidad de reducción de temperatura debido a su transmitancia. La utilización de fachadas verdes, o de cubiertas ajardinadas reducen el consumo de energía en el interior del edificio por su alto componente aislante, pero a su vez son capaces con la densidad adecuada de reducir la temperatura ambiente creando un microclima, aumentando la calidad de vida en las ciudades, favoreciendo la biodiversidad y según estudios realizados, acrecentando el nivel de bienestar de las personas.
El cambio climático es una realidad que está modificando muy rápidamente las condiciones de entorno de la vida en de toda la biodiversidad en el planeta a nivel general y de la vida del ser humano en las ciudades a nivel particular. A la progresiva densificación de los centros urbanos, la mayor extensión de las ciudades y su desconexión del entorno natural, y el predominio del tráfico y las infraestructuras en la configuración del espacio urbano en los años sesenta y setenta, se unió en la década de los ochenta la tendencia de diseño minimalista que apostaba por plazas duras, con una drástica reducción de vegetación y el uso extensivo de suelos impermeables. De esta forma, el espacio urbano como elemento de encuentro y disfrute, refrescado en verano por la sombra de los árboles o cobijado del viento por la vegetación en invierno se convierte en algo hostil, inhóspito. La drástica reducción de masas vegetales de importancia en los espacios públicos capaces de regular de forma suave las ganancias y pérdidas de temperatura del suelo, frente a los suelos duros que reflejan calor de forma directa se une al calor generado por las propias actividades humanas, Esto provoca que las ciudades se conviertan en islas de calor existiendo diferencias térmicas que están, como en el caso de Madrid, por encima de los 8°C con respecto al exterior. De igual modo la búsqueda del mayor aprovechamiento ha convertido a los edificios en elementos paralelepípedos, duros y rocosos, donde existen escasas sombras arrojadas y la vegetación no se contempla en su configuración, quedando los edificios totalmente expuestos a las radiaciones solares. Esta situación, que ya de por sí supone una merma de confort, se convierte en una amenaza en el actual contexto de crisis climática. Las ciudades y los edificios deben dejar de ser parte del problema, para convertirse en herramientas de mejora. A través del uso de la vegetación se pueden aplicar soluciones para paliar el efecto de la isla de calor en los edificios y con ello, la mejora energética en la climatización de estos. Un estudio de la configuración de los espacios públicos y de los edificios, es muy útil para determinar la situación más idónea del arbolado y jardines. Existen estudios que cuantifican la cantidad de radiación solar reflejada de suelos y materiales. Los árboles urbanos participan en suavizar el clima ya que disminuyen la temperatura y aumentan la humedad por la evapotranspiración, que es el efecto del enfriamiento evaporativo del agua que transpiran las plantas. Ciertas especies arbóreas son más adecuadas por su alta capacidad de reducción de temperatura debido a su transmitancia. La utilización de fachadas verdes, o de cubiertas ajardinadas reducen el consumo de energía en el interior del edificio por su alto componente aislante, pero a su vez son capaces con la densidad adecuada de reducir la temperatura ambiente creando un microclima, aumentando la calidad de vida en las ciudades, favoreciendo la biodiversidad y según estudios realizados, acrecentando el nivel de bienestar de las personas.





