Colonización vegetal en fábricas históricas: parámetros de análisis para su control y conservación
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Date
2026Subject/s
Unesco Subject/s
Abstract
La presencia de vegetación espontánea en castillos, recintos amurallados y estructuras fortificadas constituye un fenómeno ampliamente documentado en la arquitectura histórica peninsular. Este tipo de colonización vegetal genera un impacto directo en la estabilidad estructural y en la conservación de las fábricas tradicionales, especialmente en sistemas constructivos basados en mampostería, tapial o morteros de cal. A pesar de su relevancia, es importante conseguir generar un protocolo homogéneo para diagnosticar y evaluar el riesgo que esta vegetación supone en el medio y largo plazo. El presente trabajo propone un enfoque metodológico aplicable a diferentes contextos patrimoniales, empleando el Castillo de Huelma (Jaén) como caso de estudio representativo para validar la utilidad de los indicadores microambientales y florísticos. El marco metodológico combina tres niveles de análisis: arquitectura, microambiente y vegetación. En primer lugar, se realiza la identificación de puntos vulnerables recurrentes en estructuras fortificadas, como coronaciones, juntas degradadas, zonas bajas con retención hídrica, elementos parcialmente colapsados y espacios subterráneos relacionados con la captación o acumulación de agua. El segundo nivel se centra en la caracterización microambiental mediante higrómetros y termografía infrarroja, con el fin de identificar patrones de humedad relativa, condensación potencial, gradientes térmicos y contrastes estacionales. El tercer nivel aborda la identificación florística, prestando atención a especies ruderales y pioneras con capacidad para colonizar materiales porosos y fisurados, así como a las familias con mayor incidencia en la arquitectura histórica, como Asteraceae, Poaceae, Plantaginaceae y Urticaceae. Los resultados comparados permiten identificar patrones comunes en diversos enclaves fortificados: mayor densidad de vegetación en zonas bajas donde se acumulan humedad y depósitos orgánicos; implantación activa en coronaciones y juntas de mortero erosionadas; y una marcada preferencia de especies por aquellos puntos con mayor variación térmica estacional, lo que incrementa la bioreceptividad de los materiales. El caso de estudio del Castillo de Huelma confirma estas tendencias, con una flora ruderal consolidada, adaptada a los microhábitats generados por la arquitectura. Las mediciones higrotérmicas evidencian niveles constantes de humedad relativa en torno al 42–46 %, junto con contrastes térmicos que favorecen la retención de humedad en elementos expuestos. La identificación de especies vasculares con sistemas radiculares agresivos —como Bromus rubens, Crepis vesicaria, Antirrhinum graniticum o Parietaria officinalis— refuerza la necesidad de integrar la variable biológica en los protocolos de conservación. La vegetación es agente activo dentro del ciclo de deterioro, capaz de intervenir en los procesos físicos y químicos de la degradación material. El estudio confirma que un diagnóstico preventivo debe considerar simultáneamente factores arquitectónicos, higrotérmicos y ecológicos, lo que permite anticipar comportamientos de riesgo antes de que la degradación sea visible.
La presencia de vegetación espontánea en castillos, recintos amurallados y estructuras fortificadas constituye un fenómeno ampliamente documentado en la arquitectura histórica peninsular. Este tipo de colonización vegetal genera un impacto directo en la estabilidad estructural y en la conservación de las fábricas tradicionales, especialmente en sistemas constructivos basados en mampostería, tapial o morteros de cal. A pesar de su relevancia, es importante conseguir generar un protocolo homogéneo para diagnosticar y evaluar el riesgo que esta vegetación supone en el medio y largo plazo. El presente trabajo propone un enfoque metodológico aplicable a diferentes contextos patrimoniales, empleando el Castillo de Huelma (Jaén) como caso de estudio representativo para validar la utilidad de los indicadores microambientales y florísticos. El marco metodológico combina tres niveles de análisis: arquitectura, microambiente y vegetación. En primer lugar, se realiza la identificación de puntos vulnerables recurrentes en estructuras fortificadas, como coronaciones, juntas degradadas, zonas bajas con retención hídrica, elementos parcialmente colapsados y espacios subterráneos relacionados con la captación o acumulación de agua. El segundo nivel se centra en la caracterización microambiental mediante higrómetros y termografía infrarroja, con el fin de identificar patrones de humedad relativa, condensación potencial, gradientes térmicos y contrastes estacionales. El tercer nivel aborda la identificación florística, prestando atención a especies ruderales y pioneras con capacidad para colonizar materiales porosos y fisurados, así como a las familias con mayor incidencia en la arquitectura histórica, como Asteraceae, Poaceae, Plantaginaceae y Urticaceae. Los resultados comparados permiten identificar patrones comunes en diversos enclaves fortificados: mayor densidad de vegetación en zonas bajas donde se acumulan humedad y depósitos orgánicos; implantación activa en coronaciones y juntas de mortero erosionadas; y una marcada preferencia de especies por aquellos puntos con mayor variación térmica estacional, lo que incrementa la bioreceptividad de los materiales. El caso de estudio del Castillo de Huelma confirma estas tendencias, con una flora ruderal consolidada, adaptada a los microhábitats generados por la arquitectura. Las mediciones higrotérmicas evidencian niveles constantes de humedad relativa en torno al 42–46 %, junto con contrastes térmicos que favorecen la retención de humedad en elementos expuestos. La identificación de especies vasculares con sistemas radiculares agresivos —como Bromus rubens, Crepis vesicaria, Antirrhinum graniticum o Parietaria officinalis— refuerza la necesidad de integrar la variable biológica en los protocolos de conservación. La vegetación es agente activo dentro del ciclo de deterioro, capaz de intervenir en los procesos físicos y químicos de la degradación material. El estudio confirma que un diagnóstico preventivo debe considerar simultáneamente factores arquitectónicos, higrotérmicos y ecológicos, lo que permite anticipar comportamientos de riesgo antes de que la degradación sea visible.
The presence of spontaneous vegetation in castles, walled enclosures and fortified structures is a widely documented phenomenon in historic architecture on the Iberian Peninsula. This type of plant colonization has a direct impact on structural stability and on the conservation of traditional masonry, especially in construction systems based on rubble masonry, rammed earth or lime mortars. Despite its relevance, it is important to establish a homogeneous protocol to diagnose and assess the risk posed by this vegetation in the medium and long term. This paper proposes a methodological approach applicable to different heritage contexts, using Huelma Castle (Jaén) as a representative case study to validate the usefulness of microenvironmental and floristic indicators. The methodological framework combines three levels of analysis: architecture, microenvironment and vegetation. First, recurrent vulnerable points in fortified structures are identified, such as wall tops, degraded joints, low-lying areas with water retention, partially collapsed elements and underground spaces related to the collection or accumulation of water. The second level focuses on microenvironmental characterization using hygrometers and infrared thermography, in order to identify patterns of relative humidity, potential condensation, thermal gradients and seasonal contrasts. The third level addresses floristic identification, paying attention to ruderal and pioneer species capable of colonizing porous and cracked materials, as well as to the families with the greatest incidence in historic architecture, such as Asteraceae, Poaceae, Plantaginaceae and Urticaceae. The comparative results make it possible to identify common patterns in various fortified sites: greater vegetation density in low areas where moisture and organic deposits accumulate; active establishment on wall tops and eroded mortar joints; and a marked preference of species for points with greater seasonal thermal variation, which increases the bioreceptivity of the materials. The case study of Huelma Castle confirms these trends, with a consolidated ruderal flora adapted to the microhabitats generated by the architecture. The hygrothermal measurements show constant relative humidity levels of around 42–46%, together with thermal contrasts that favor moisture retention in exposed elements. The identification of vascular species with aggressive root systems—such as Bromus rubens, Crepis vesicaria, Antirrhinum graniticum or Parietaria officinalis—reinforces the need to integrate the biological variable into conservation protocols. Vegetation is an active agent within the deterioration cycle, capable of intervening in the physical and chemical processes of material degradation. The study confirms that preventive diagnosis must simultaneously consider architectural, hygrothermal and ecological factors, allowing risk behaviors to be anticipated before degradation becomes visible.
The presence of spontaneous vegetation in castles, walled enclosures and fortified structures is a widely documented phenomenon in historic architecture on the Iberian Peninsula. This type of plant colonization has a direct impact on structural stability and on the conservation of traditional masonry, especially in construction systems based on rubble masonry, rammed earth or lime mortars. Despite its relevance, it is important to establish a homogeneous protocol to diagnose and assess the risk posed by this vegetation in the medium and long term. This paper proposes a methodological approach applicable to different heritage contexts, using Huelma Castle (Jaén) as a representative case study to validate the usefulness of microenvironmental and floristic indicators. The methodological framework combines three levels of analysis: architecture, microenvironment and vegetation. First, recurrent vulnerable points in fortified structures are identified, such as wall tops, degraded joints, low-lying areas with water retention, partially collapsed elements and underground spaces related to the collection or accumulation of water. The second level focuses on microenvironmental characterization using hygrometers and infrared thermography, in order to identify patterns of relative humidity, potential condensation, thermal gradients and seasonal contrasts. The third level addresses floristic identification, paying attention to ruderal and pioneer species capable of colonizing porous and cracked materials, as well as to the families with the greatest incidence in historic architecture, such as Asteraceae, Poaceae, Plantaginaceae and Urticaceae. The comparative results make it possible to identify common patterns in various fortified sites: greater vegetation density in low areas where moisture and organic deposits accumulate; active establishment on wall tops and eroded mortar joints; and a marked preference of species for points with greater seasonal thermal variation, which increases the bioreceptivity of the materials. The case study of Huelma Castle confirms these trends, with a consolidated ruderal flora adapted to the microhabitats generated by the architecture. The hygrothermal measurements show constant relative humidity levels of around 42–46%, together with thermal contrasts that favor moisture retention in exposed elements. The identification of vascular species with aggressive root systems—such as Bromus rubens, Crepis vesicaria, Antirrhinum graniticum or Parietaria officinalis—reinforces the need to integrate the biological variable into conservation protocols. Vegetation is an active agent within the deterioration cycle, capable of intervening in the physical and chemical processes of material degradation. The study confirms that preventive diagnosis must simultaneously consider architectural, hygrothermal and ecological factors, allowing risk behaviors to be anticipated before degradation becomes visible.





