El Recinto De La Exposicion Iberoamericana, Area Urbanizable, Pabellones Y Su Conservacion
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1987Abstract
Con la presente comunicación pretendo hacer una síntesis de los elementos urbanísticos y constructivos que se propiciaron con la celebración de la Exposición Iberoamericana de 1939 y su posterior conservación, para lo cual debo de comenzar indicando que el Certamen se situó en la zona Sur del recinto urbano de la ciudad, desde el momento que se formula la idea de la celebración del evento. Concretamente, el 25 de junio de 1909, cuando Rodríguez Caso hace público en Capitanía General su primer bosquejo de la Exposición propone dos enclaves en el sector Sur: uno, «todo el Prado de San Sebastián y el Paseo de Catalina de Rivera, para las grandes edificaciones y los parques de María Luisa, Mariana y Delicias, como anexos, para instalaciones especiales; que no destruyeran el arbolado ni la estructura de aquellos jardines»; otro, «todas las tierras de labor y huertas situadas en uno y otro lado del Paseo de la Palmera para las grandes edificaciones y los parques y jardines antes citados para las instalaciones especiales conlo anexos y en análoga forma al caso anterior». Ambas propuestas tenían en común la utilización del Parque, así como la vinculación al río Guadalquivir y la continuidad urbanística de ensanchar el núcleo urbano por la zona inicialmente ordenada ya en 1830 por el asistente José Manuel Arjona.
Con la presente comunicación pretendo hacer una síntesis de los elementos urbanísticos y constructivos que se propiciaron con la celebración de la Exposición Iberoamericana de 1939 y su posterior conservación, para lo cual debo de comenzar indicando que el Certamen se situó en la zona Sur del recinto urbano de la ciudad, desde el momento que se formula la idea de la celebración del evento. Concretamente, el 25 de junio de 1909, cuando Rodríguez Caso hace público en Capitanía General su primer bosquejo de la Exposición propone dos enclaves en el sector Sur: uno, «todo el Prado de San Sebastián y el Paseo de Catalina de Rivera, para las grandes edificaciones y los parques de María Luisa, Mariana y Delicias, como anexos, para instalaciones especiales; que no destruyeran el arbolado ni la estructura de aquellos jardines»; otro, «todas las tierras de labor y huertas situadas en uno y otro lado del Paseo de la Palmera para las grandes edificaciones y los parques y jardines antes citados para las instalaciones especiales conlo anexos y en análoga forma al caso anterior». Ambas propuestas tenían en común la utilización del Parque, así como la vinculación al río Guadalquivir y la continuidad urbanística de ensanchar el núcleo urbano por la zona inicialmente ordenada ya en 1830 por el asistente José Manuel Arjona.





